CDCblog: Chimenez y la música - Perro ladrador, guapo y cantautor
Por Chímeni Lucas • Feb 9th, 2011 • Categoria: Chimenez y la música • Sin Comentarios »
Suelo pensar que un cantante no debe estar sonriendo en el escenario, no es necesario salir guapo. Yo pienso que cuanta más fealdad le provoquen sus sentimientos al cantar, más hermoso es el resultado y más credibilidad le otorga. Así como dicen que el amor no existe y que vivimos en una infidelidad interrumpida por periodos de querencia y compromiso, puede pasar lo mismo con la felicidad y la tristeza, o eso creo. Porque la felicidad casi no permite una expresión artística, nos hace, más bien, alcanzar un permiso para regalar muestras humanas de afecto y arrebatos pasajeros de tranquilidad y cariño, pero poca capacidad para representarlas con arte. Cuando el amor y la felicidad se vuelven insufribles, dolorosos sentimientos que nos separan de la serenidad; todo explota y el talento emerge más feliz y con más amor que nunca.
Micah Paul Hinson, es un joven adulto, tiene 29 años, que ladra canciones y al que su sufrimiento le ha dado la posibilidad de llegar al conocimiento del alma con bastante precocidad.
Vivió como niño bien, como vagabundo, como delincuente y ahora vive como un aventajado músico, cansado de las drogas y de desperdiciar su tiempo.









Un hilo de agua resbala y desciende la única montaña por una fisura oculta: una amable vena surge donde todavía no existe el cauce de ningún río. La incisura se agranda, en realidad ha dudado si hacerlo o no, pero un poder superior origina un torrente de aguas vírgenes, tumultuosas y reflexivas.
Honrada crueldad. Violaciones verbales. Ruido de inframundo. Licor insigne en un vaso de cristal enturbiado por rasguños. Una pasional irreverencia indomesticable.
No recuerdo que día era, no recuerdo si tenía resaca o si había abandonado la bebida. No recuerdo la época del año en la que estaba. Puede que fuese otoño. Creo recordar que el viento pretendía emblanquecernos la piel. El sol tibio vagueaba y los árboles desnudos tiritaban indefensos. La tarde inminentemente fue noche y nosotros, mis amigos y yo charlamos para calentarnos con las palabras. Íbamos camino de la sala Sirocco. Allí nos esperaba Antonio Luque, el chinarro. Su banda andaba tocando ” El mundo según” y ” El fuego amigo” por toda España y pensé que hacerles una visita a su paso por Madrid sería lo más adecuado. Porque si escucharle en casa despierta la astucia del lince ibérico, verle en directo es hacer parte del club de los tímidos unidos por una música contundente y sustanciosa como el salmorejo.














